Situación Epidemiológica de la Enfermedad de Chagas en Chile.

 

Dra. Andrea Olea Normandin

Departamento de Epidemiología

Ministerio de Salud

La enfermedad de Chagas, también conocida como Tripanosomiasis Americana, fue descrita en 1909 por Carlos Chagas. Su importancia en Salud Pública radica en que es una enfermedad crónica, que causa discapacidad (7 a 15% de los pacientes)  y  muerte.

 

Su agente biológico, el Tripanosoma cruzi, es un protozoo flagelado que se transmite a través de vectores hematófagos infectados. En Chile, los principales agentes son el Triatoma infestans y el spinolai, más conocidos como vinchuca. Su reservorio es humano y alrededor de 150 especies de mamíferos, tanto silvestres como domésticos.

Respecto a su distribución geográfica, se encuentra presente desde México a Sudamérica y el área endémica en Chile se extiende desde la I a la VI regiones, incluyendo la Región Metropolitana.  La población total de esta área corresponde a un 77% de la población total del país pero, considerando que la enfermedad es más frecuente en áreas rurales y periurbanas, la población expuesta corresponde aproximadamente a 850.000 personas. Basándose en estudios de la DISAM y estudios serológicos, se estima que el número de personas infectadas en esta área sería de 142.000 aproximadamente.

Se conocen tres principales vías de transmisión: (1) vía vectorial, forma clásica de transmisión en áreas endémicas y que consiste en una transmisión indirecta donde influyen factores tales como la pobreza,  ruralidad,  malas condiciones de la vivienda,  temperaturas altas o moderadas y el clima seco; (2) vía transfusional, cuyo riesgo efectivo de transmisión con 500 ml. de sangre infectada es de 12,5 a 25%. En Chile no se refieren casos de transmisión por esta vía desde el año 1985; (3)  vía transplacentaria (Enfermedad de Chagas connatal) que corresponde a un 10% del total de los casos. Otras vías, de escasa significación epidemiológica, son la transmisión   por alimentos, lactancia materna y accidentes de laboratorio.

Como fuentes de información para el conocimiento epidemiológico de la enfermedad, existen fundamentalmente tres componentes: mortalidad, morbilidad y estudios de seroprevalencia.  Para el análisis de mortalidad que se presenta se  utilizaron las bases de datos de los certificados de defunción del Departamento de Coordinación e Informática del Ministerio de Salud. La desventaja de la mortalidad es que representa un proceso de enfermedad iniciado décadas atrás. Para el estudio de la morbilidad, contamos con los egresos hospitalarios y las notificaciones, aunque estas últimas tienen algunas desventajas, como por ejemplo, el interés particular de algunos Servicios de Salud en notificar más que otros y la completitud de los datos, ya que no siempre se llenan totalmente los boletines RMC-14. Por último, se cuenta con los estudios de seroprevalencia en donantes y en población general, que dan cuenta de la situación actual y de la evolución de la enfermedad en el tiempo.

MORTALIDAD

La mortalidad para el año 1997 alcanzó una tasa de 0,4 por 100.000 habitantes, lo que significa un total de 55 muertes (un 0,07% del total de muertes del país), correspondiendo un 70% a hombres. El Servicio de Salud Coquimbo concentró el 53% del total de esas muertes.

El gráfico 1 muestra la tendencia de la mortalidad desde 1970 hasta 1997, donde la línea representa la tasa y las barras el número de casos. Se observa un ascenso y luego, en los años 92-97 se mantiene una tasa  constante de aproximadamente 0,4 por 100.000, lo que representa un promedio de 50-55 muertes anuales.

Gráfico 1

 

Según diagnóstico, el 80% de las muertes corresponde a cardiopatías y el resto a otras visceromegalias. 

Al analizar las tasas acumuladas de mortalidad por sexo  (gráfico 2) en tres períodos, no se observan grandes variaciones en el tiempo.  La tasa en las mujeres se mantiene muy por debajo de la de los hombres, correspondiendo a un tercio de éstas. Esta situación, aunque no tiene una explicación clara, podría deberse a la mayor exposición laboral de los hombres, que trabajan como pirquineros, campesinos o arrieros, pasando mucho tiempo en lugares rurales o apartados.

Gráfico 2

 

Según grupos de edad (gráfico 3), la tasa más alta de mortalidad corresponde a los mayores de 65 años y, desde 1980,  cabe destacar que no hay muertes en menores de 15 años. En el quinquenio 85-89 el 83% de las muertes correspondió a mayores de 45 años, mientras que en el último quinquenio (93-97) el porcentaje de este grupo de edad aumenta a 93% a expensas del grupo de mayores de 65 años.

Gráfico 3

MORBILIDAD

Las notificaciones para 1998 fueron 553, lo que significa una tasa de 3.8 por 100.000 habitantes. Se debe tener en cuenta que el 83% de estas notificaciones corresponde a diagnósticos serológicos y no a casos clínicos, por lo que la tasa podría ser menor.

El gráfico 4 presenta la tendencia de las notificaciones desde 1986 hasta 1998, donde la línea representa las tasas y las barras el número de notificaciones por año.  Se observa un notable ascenso en las notificaciones, explicado posiblemente por algunos hitos importantes. Uno de ellos fue la declaración de la enfermedad de Chagas como de notificación obligatoria en 1986, comenzando lentamente a notificarse.   En 1991, parte la iniciativa de los países del Cono Sur por la eliminación de la transmisión vectorial de la enfermedad, lo que aumenta el interés en ella y en 1996 se hace obligatorio el tamizaje  en donantes en Chile, desde la I a la VI Región, lo cual también aumenta las notificaciones.

Gráfico 4

Si se analizan los casos notificados según tipo de confirmación diagnóstica, se observa que el 80% de las notificaciones corresponde solamente a serología, no hay clínica ni nexo epidemiológico,  lo que permite inferir que el 80% de las notificaciones corresponde a donantes de sangre.

Analizando el diagnóstico predominante de los casos diagnosticados por clínica (clínica sola o, clínica más serología), aproximadamente el 15% corresponde a cardiopatía u otra visceromegalia, en el resto, no se menciona el órgano afectado.   En contraste, si se analiza los diagnósticos serológicos sin clínica,  éstos corresponden prácticamente en un 100% a “sin mención de órganos” o “sin especificar”, lo que corrobora la hipótesis de que se trataría de sangre de donantes.

Las tasas de notificación según sexo para los años 89-98 presentan pocas diferencias entre hombres y mujeres, con excepción de algunos años donde son ligeramente mayores en hombres, lo que podría deberse a que el mayor volumen de donantes se encuentra en el sexo masculino y la posible mayor exposición laboral como se mencionó a propósito de la mortalidad.

Las tasas de notificación según grupos de edad (gráfico 5) son mayores sobre los quince años, especialmente en el grupo de 45 a 64 años, probablemente por un mayor número de donantes de este grupo, lo que se refleja en una importante alza presentada en el año 1996, en que se hace obligatorio el tamizaje en donantes de sangre.

Gráfico 5

Respecto a la concordancia entre la ocurrencia de la notificación y la residencia del paciente entre los años 1989 y 1998, se observa que el 91% de las notificaciones son realizadas por el Servicio donde reside efectivamente el paciente. Dentro del 9% restante, los Servicios que presentan más notificaciones son el Metropolitano Sur, Metropolitano Norte y Metropolitano Oriente, que reciben principalmente pacientes del norte del país.

El gráfico 6 muestra la tendencia de los egresos hospitalarios entre los años 1993 y 1996 (no se cuenta con información de 1992, 1994 y 1995), sin embargo, se puede observar que las tasas se mantienen relativamente estables desde 1990, en 1,5 por 100.000, con un promedio de aproximadamente 200 casos anuales.

Gráfico 6

CONCLUSIONES

Se puede concluir que la notificación va en aumento, debido a dos factores: (1) el aumento del tamizaje en donantes, que queda de manifiesto en el alto porcentaje de diagnósticos serológicos (80%) y (2) el incentivo debido al aumento del programa de eliminación de la transmisión vectorial y transfusional.

La mortalidad, que está dada por una infección adquirida hace décadas, se mantiene estable en los últimos años.  El 80% de las muertes corresponde a cardiopatías, el 93% corresponde a personas mayores de 45 años y desde el año 1989 no se registran muertes en menores de 15 años.

Como conclusión final, se puede afirmar que es necesario un sistema de vigilancia que represente mejor la situación actual. Por ello, en el marco de la modificación del decreto N° 11, se modifican las modalidades de vigilancia y las enfermedades sujetas a vigilancia, incorporando nuevas y sacando otras, de acuerdo a la realidad epidemiológica actual. Dentro de este contexto, se definen dos tipos de vigilancia para la enfermedad  de Chagas :

1. Vigilancia Universal, que significa la declaración caso a caso de aquellos casos de enfermedad aguda y de enfermedad congénita y,

 2. Vigilancia de laboratorio, alimentada por los exámenes de laboratorio tanto de los bancos de sangre como de los laboratorios clínicos y que corresponden a donantes o a pacientes crónicos. 

En conjunto con expertos, se elaboró definiciones de caso para cada una de las formas de presentación de la Enfermedad de Chagas: 

·         Caso Sospechoso Agudo: fiebre sin otra explicación, hepatoesplenomegalia y chagoma que se presenta en un área endémica

·         Caso Agudo confirmado:  aquel clínicamente compatible, confirmado por laboratorio con un examen directo positivo y/o PCR positivo.

·         Enfermedad de Chagas congénita: aquel recién nacido hijo de madre infectada con Tripanosoma cruzi y con examen directo positivo o PCR positivo.

·         Caso confirmado crónico es aquel aquel donante o paciente con secuelas con serología positiva con anticuerpos con Tripoanosoma cruzi, confirmado por el ISP.

Por último, se plantea la creación del registro chagásico, con casos pesquisados especialmente en bancos de sangre entre donantes, en laboratorio y una búsqueda activa en recién nacidos de zonas endémicas. La confirmación  del caso genera una investigación del grupo familiar, consejería, derivación a centros especializados, aplicación de protocolo de tratamiento y seguimiento.